Sergio Hernández: “Buscaremos que exista mayor equidad en la relación contractual entre proveedores y grandes mineras”

Tras haberse desempeñado como Vicepresidente Ejecutivo de la Comisión Chilena del Cobre, entre los años 2014 y 2019, continuará ligado a la industria. Entre sus objetivos, está el alcanzar una visión integral del sector, defender los intereses de sus asociados, proyectar la fuerza laboral femenina y consolidar la Guía de los Proveedores de la Minería Sustentable.

A poco más de un mes de haber asumido como nuevo Director Ejecutivo de la Asociación de Proveedores Industriales de la Minería (Aprimin), Sergio Enrique Hernández Núñez (65 años) señala estar muy “entusiasmado” con este desafío.

Tras haberse desempeñado como Vicepresidente Ejecutivo de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), entre el 2014 y 2019, continuará ligado a la minería, pero ahora desde otra vereda.

Hernández es abogado de la Universidad de Chile, especializado en Economía, Derecho Tributario, Minero y Corporativo. Su trayectoria ha estado siempre vinculada con la industria y dirección de empresas. Fue Subsecretario de Minería (1994-1997) del ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle; Director y Fiscal de la Empresa Nacional de Minería (Enami); Director del Banco Internacional y de compañías de seguros. Además es autor del libro “El Impuesto Específico a la Actividad Minera”, Premio Profesional Destacado en Minería Latinoamericana, Buenos Aires 2016.

Padre de tres hijos (Andrés, Francisca y Bárbara). Se declara hincha de la Universidad de Chile. “Soy un romántico viajero y amante del piano”. Comenzó sus estudios musicales a los 9 años. Después de aquello, todo fue de forma autodidacta. “Claudio Arrau me motivó siempre. Toco por oído, como se dice, escucho distintas músicas y las puedo sacar, desde música clásica hasta cumbias. Son más de 500 canciones”, confiesa.

Asumió el pasado 12 de marzo. ¿Cómo enfrenta este nuevo desafío? Sobre todo, considerando que puede ser una experiencia distinta en relación a su trayectoria, ya que ahora se trata de una organización gremial ligada a la minería.

Con mucha alegría y muy entusiasmado. Quiero hacerlo bien y seguir la ruta de mi antecesor Juan Carlos Olivares, que fue muy exitosa. Además él era muy querido, en general, por los stakeholder de la minería. Enfrento este nuevo cargo con satisfacción, porque estando dentro del mismo campo minero, la verdad que es una experiencia complementaria a la que he tenido en el sector público minero, como Subsecretario, director y Fiscal en Enami y Vicepresidente Ejecutivo de Cochilco. Y no es tan distinto, porque en general las políticas mineras públicas tienen como propósito el desarrollo de la industria. En estos cargos públicos uno se forma una visión integral de los mercados, tecnologías, regulaciones, políticas, etcétera, que resulta muy útil para la actividad privada y contribuye a construir una política de país entre el sector minero público y el privado.

¿Y en el ámbito personal?

Considerando todas las ocupaciones que he tenido en mi vida, incluso como abogado independiente, académico y director de compañías, créame que el sector de la minería es el que más satisfacciones me ha dado. Es muy especial, y una palanca para el desarrollo de Chile. Tiene muchos desafíos, en todos sus ámbitos y procesos.

Ejerció como Subsecretario de Minería, junto al Ministro radical Benjamín Teplizky (falleció en el ejercicio de su cargo en agosto de 1997). ¿Cómo fue esa relación y cómo calificaría su trabajo en la administración pública?

Fue una excelente relación y muy óptima, lo que no era muy tradicional (risas). Él fue siempre muy caballero e integrador de equipos. Y destaco aquello, porque ambos teníamos una visión del desarrollo del sector muy coincidente, sobre todo en nuestra lucha por defender la vigencia y fortaleza de la mediana y pequeña minería, considerando que en ese minuto se decía que la pequeña minería no tenía mayor trascendencia para el país, porque se traducía sólo en el 1% de producción de cobre. Y nosotros, independiente de ese escenario, teníamos una mirada más allá de lo meramente productivo. Fue una de las grandes batallas dentro del Gobierno. Veíamos a la pequeña minería no como un número, sino como un factor integrador, que legitimaba, precisamente, a la gran minería. Nos preocupaba defenderla por la óptima relación inversión-empleo que generaba la pequeña minería, la vinculación con las comunidades, los trabajadores de los yacimientos, la descentralización urbana, la movilidad social y económica, y potenciar a esos emprendedores. Quisimos defender la labor de Enami frente a sectores que intentaban hacerla desaparecer. Logramos, finalmente, imponer esa tesis con el correr de los años, y hoy nadie la discute.

¿Hay luchas que siempre se deben dar?

Creo que esa lucha, en defensa de Enami, terminó por costarme el cargo de Subsecretario, pero paradoja: años después, fui director y Fiscal precisamente de Enami, como una muestra de la nueva visión de apoyo a la pequeña minería, tan necesaria para la estabilidad sociológica del exitoso modelo minero chileno de desarrollo económico.

Aprimin fue creada en diciembre de 2003. Se ha promovido el desarrollo de la industria proveedora de la minería, entregándose soluciones, seminarios y estudios, entre otras cosas. Con 15 años de existencia, ¿qué falta por hacer o qué destacaría de lo obrado?

Un gremio con 15 años lo que ha logrado sobrepasa cualquier objetivo trazado. Y destacaría a dos personas: Pascual Veiga y Juan Carlos Olivares, sin perjuicio de la enorme labor de los otros presidentes del Gremio. Sin duda, Aprimin llenó un espacio. Chile, como país maduro en el sector, ha sabido crear una red de proveedores muy potente en torno a la minería, y eso no ocurre aún en otros países del continente, como Colombia, Ecuador, Panamá, por ejemplo; en Perú también hay muchas oportunidades. Por esa razón, los desafíos los veo crecientes en la internacionalización de nuestros proveedores ante el incipiente desarrollo en Latinoamérica de la minería, sabemos qué ofrecer, lo que necesita esa minería, lo tenemos y lo podemos exportar.  Por otra parte, en Aprimin tenemos cinco brazos armados de programas concretos: Comités de Homologación, de Innovación, Laboral, Sustentabilidad y Productividad. Y a través de esta vía, más nuestros networking mensuales, pretendemos dar a conocer todas las políticas públicas que se están generando, y la manera en que aportamos para aquello. Queremos estrechar los buenos lazos existentes con las autoridades e instituciones públicas, en defensa de nuestros asociados, ya que participamos en muchas instancias institucionales del sector. Los desafíos son enormes. Nuestra idea es incorporar también más asociados. En la actualidad, existen 112 compañías asociadas, donde 60 son chilenas, y eso nos deja conformes, porque es muy equilibrado el escenario.

En esta interconexión de empresas, ¿cómo son las relaciones con las compañías mineras?

Aprimin desde hace bastante tiempo viene sosteniendo reuniones conjuntas con el Consejo Minero y Sonami. La relación con los gremios de las empresas mineras es muy buena. Existen objetivos comunes en defensa de la industria y eso nos permite tener una visión conjunta. Ese objetivo es común, sobre todo en materia de innovación. Pero claro, siempre pueden existir puntos de discordia entre el proveedor y el cliente. En nuestro caso, son las condiciones de negociación y a veces de ejecución de los contratos. Las compañías mineras siempre han estado acostumbradas a imponer sus términos, y en ese sentido buscaremos que exista mayor equidad en la relación contractual entre proveedores y grandes mineras, a lo que debe ayudar el mejor precio del cobre en el mercado mundial, que visualizamos seguirá aumentando por razones estructurales de oferta y demanda. Proveedores financieramente sanos, destinarán más recursos a la innovación, palanca esencial para mejorar la competitividad de toda la minería chilena.

¿Sigue en carpeta establecer la Guía de los Proveedores de la Minería Sustentable?

Absolutamente. Queremos ayudar en esta iniciativa de cobre verde, porque creemos en este concepto integrador sobre cómo debe ser la minería del futuro. Son muchos los aspectos que se deben considerar para alcanzar este sello de cobre verde. Converge una producción minera en condiciones medioambientales impolutas; relación cercana con las comunidades locales; aumento en el grado de pertenencia social; mayor preocupación por la huella de carbono; cuidado con el correcto uso del agua y del territorio; y una política de desarrollo que dé certeza jurídica a los inversionistas. Todo esos componentes individuales conforman el denominado cobre verde, que es lo que nosotros, precisamente, queremos desarrollar. Va en esa dirección de apertura comercial al mundo. Y eso significa competitividad responsable. Cobre verde, dicho de otra forma, es una herramienta para mejorar la competitividad de Chile frente a los mercados mundiales.  

Hay un factor que ha ido aumentando: la participación femenina en la industria. En la actualidad, existe un 8,4% de fuerza laboral femenina, representada en un 15% en empresas Aprimin. Es más, ustedes a fines de noviembre de 2018 firmaron un decálogo para promover dicha integración. ¿Qué proyección tiene?

Nosotros estamos comprometidos con esta iniciativa. Sin duda, queremos potenciarla, pero por una convicción mucho más profunda. La palabra inclusión, dentro del desarrollo económico del país, tiene una importancia única, si se quiere crecer en porcentajes mayores. Cuando se tiene una fuerza laboral limitada, el potencial de crecimiento es menor. Nos interesa como visión de Estado que, efectivamente, haya más mujeres en el sector laboral, y no sólo en la minería. ¿Por qué? Porque aporta al país. En minería, que es el segundo sector productivo con menor participación femenina (después de la construcción), esta competitividad mundial debe ir de la mano con el desarrollo social.

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