Edición 66

 

No todo se le puede pedir al patrono de los mineros

 
En el mes de agosto se celebró el mes de la minería y la conmemoración del patrono de todos los trabajadores y empresarios que están en dicho rubro, me refiero a San Lorenzo.
 
Durante el año 2015 y el primer semestre del 2016, hemos vivido una crisis que de la cual, por el momento, no se vislumbra su término y por lo tanto, ya no basta con aplicar medidas restrictivas, buscar apoyo por parte del Estado o pedir al patrono de los mineros su ayuda.
Aumentar la productividad y bajar los costos, parece ser la fórmula mágica de un negocio. Pero no lo es. En el competitivo mundo globalizado de hoy, resulta imposible ver qué nos deparará la economía en el futuro, para ello se requeriría una bola de cristal, para conocer los resultados de un aumento de producción a menor costo.
 
Probablemente, la unión de estos dos logros es algo deseado por cualquier empresario responsable, pero el proceso para lograrlo debe ser sostenido en el tiempo y, sobre todo, adoptado con responsabilidad por todas las personas que conforman la empresa.
 
La competencia entre las empresas mineras ya no pasa por quien produce más, sino por quien logra mejorar su productividad a un menor costo. Para eso, cada una de las compañías ha debido adoptar medidas radicales para poder mantenerse vigente. Es una tarea ardua y de largo aliento, pero resulta indispensable asumirla.
Algunos de los ámbitos que se verán involucrados para mejorar los resultados, requerirán de un profundo cambio en el comportamiento cultural de las personas. En otros, sin embargo, serán necesarios sólo ajustes técnicos. En ambos casos, el factor humano jugará un papel preponderante. Será la persona, independiente del cargo que ocupe, la que busque una nueva mentalidad y nuevas formas de comportamiento.
 
Estas nuevas formas pasarán por el aumento de la productividad de la mano de obra, la reducción de los costos operacionales, el aumento de ingresos por mayores producciones y recuperaciones, disminución de gastos de administración y staff y revisión de carteras de inversiones, entre otras.
 
Sin duda, estas rectificaciones tendrán su éxito asegurado si se alcanzan niveles crecientes de participación de las personas. Gracias a ellas podrán tomarse decisiones que sean compartidas, en las que el bienestar, tanto de los trabajadores como de los empresarios sea la meta a conseguir. Teniendo presente en todo momento que el logro en el negocio beneficia a todo el país.

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